Capítulo 45. La lealtad no se regala, se gana
Los corredores del castillo estaban impregnados de susurros y miradas esquivas. Desde que Soriana había visto el encuentro entre Alina y Joseph, no había dejado pasar la oportunidad de dejar caer comentarios envenenados aquí y allá, con la sutileza de una serpiente que se desliza sin ser vista.
—¿Viste cómo la abrazaba? —murmuraba una joven guerrera a su compañera, mientras limpiaban las armaduras en el patio—. No es el gesto de alguien que se ha entregado completamente a su alfa.
—Dicen que to