El silencio en la mansión era tan intenso que sentía que podía oír el latido acelerado de mi propio corazón, o quizás eran los latidos de los dos pequeños que crecían dentro de mí, tan nerviosos como yo.
Donovan se había ido hace media hora, en alerta, lleno de expectativas, después de aquella llamada anónima.
Una ubicación.
El posible paradero de Adrik.
Para mí, una trampa.
Estaba segura, lo sentía en cada fibra de mi ser, pero la desesperación de Donovan por terminar con todo esto había n