Volver a casa después de una luna de miel perfecta se sintió como despertar de un sueño. Las maletas que nos llevamos aún estaban en nuestra habitación, sin desempacar del todo, porque no había querido que nadie más que yo arreglara todo en el armario. Donovan, apenas llegó, se puso en modo CEO y no se había despegado de su computadora, revisando informes y respondiendo llamadas que había postergado por alargar nuestro viaje unos días más.
No podía quejarme; me había dado todo y más estas últim