—Gracias por su tiempo, señor Villenfort. —Ambos hombres se estrecharon las manos, y luego el abogado vino hacia mí y se despidió de la misma forma—. Estaremos en contacto.
—Siempre es un placer, señor Gavrilov. Señora. —Se despidió de ambos y salió de la sala privada, donde minutos antes estuvimos discutiendo los detalles para recuperar mi antigua vida.
O bueno, casi... Porque después de escuchar que Donovan pensaba casarse conmigo tras mi divorcio —sin siquiera consultármelo—, ya no estaba ta