290.
“Desde entonces, te puedo decir, que me comenzó a regresar el saludo.
Cuando preguntaba por progresos, me atrevía a preguntarle por ella y sus días, a veces contestaba, otras me ignoraba por completo. Pero, poco a poco me acerqué a ella, un dulce, un café, un postre… todo.
Al inicio no lo aceptó, luego que tuvo una urgencia económica… mis detalles eran lo único que comía en horas… ahí fue que finalmente aceptó una cita.”
Matilda ríe, “la pobre estaba muerta de hambre…”
“¡Claro!
Era la mejor en