—Lo harás, no está sujeto a discusiones. Quiero acabar con este fastidio de su parte, y ni me va ni me viene respirar tu mismo aire —espetó él y se encogió de hombros.
Acto seguido, llevó su silla hasta el largo pasillo por el que se fue su madre con Evan, y Brianna lo siguió.
—Entonces aquí irá mi cama, ¿verdad? —La voz de Evan resonó con calma.
—Sí, o podemos ponerla allá. —Esa fue Evie.
—Allá podemos poner mi mesa. Tuvimos que dejar la mía en Alemania, pero mami dijo que tendré una nueva y a