—Owen, ¿puedo ir contigo esta noche? —preguntó Ivette.
Ambos paseaban alrededor de la propiedad después de la cena, y ella estaba tan mimosa como siempre.
El rubio, que tenía la cabeza en otra parte, regresó apenas a la realidad al oírla decir eso y frunció el ceño, aunque ella no se dio cuenta.
—Ivy, lo siento, pero esta noche no se podrá. Mañana tengo que madrugar para ir a la oficina. Necesito que todo salga perfecto para que Martin no se meta en mi camino.
Ivette hizo un puchero que obligó