Leonardo
Seguimos acostados en la cama, envueltos en el silencio que queda después de una noche espectacular. Mi cuerpo aún la siente.
Ella es todo lo que un hombre podría desear.
Es preciosa, sí… pero eso no es lo que más me atrapa. Ella es pasional, atenta, considerada.
Es perfecta, incluso cuando se enfada, incluso cuando decide castigarme y me mira como si fuera el más miserable de la tierra.
Todo en ella me gusta. Absolutamente todo.
Es la luz que ilumina mi vida, antes sumida en sombras y fantasmas hechos solo de sufrimiento.
Y lo más inquietante de todo esto es que jamás pensé que alguien como yo pudiera sentir tanto por una mujer. Un sentimiento que sana y a la vez destruye, el amor.
Alargo un brazo y le acaricio la espalda baja y el trasero a través de la sabana arrancándole un suspirito que va directo a mi p*lla.
Me levanto de la cama porque, si sigo a su lado, no voy a poder evitar desearla de nuevo. Y ahora mismo necesito la cabeza despejada para hablar con ella, no el c