CAPÍTULO 82: El ser entre las sombras...
NARRADOR
La sangre, de un rojo carmesí intenso, resbaló lentamente por los colmillos del vampiro y cayó al suelo con un sonido sordo, mucho después de que los ojos del humano se cerraran. Su cuerpo se rindió al frenesí embriagador de la mordida, a esa mezcla de placer y terror que solo el contacto con un vampiro podía provocar, mientras la vida se le escapaba en un suspiro final.
Los ojos del vampiro brillaban con un placer indisimulado, un fulgor antinatural que contrastaba con la inmovilidad del joven humano, atrapado contra el sofá de terciopelo burdeos. Su cuerpo no respondía; apenas podía respirar, mucho menos huir.
El vampiro se incorporó con una gracia felina. Es atlético y su piel, pálida y lisa como la porcelana, parecía absorber la escasa luz de la sala. El cabello negro, medio largo, estaba peinado hacia atrás con descuido calculado, y sus labios finos se curvaron en una mueca de desdén.
—Los machos humanos sois muy débiles… —murmuró, alzándose del sofá mientras observaba a