LEONARDO
Nos sentamos en un silencio pesado, cada uno en un lugar de la antesala, como si el aire mismo se hubiera vuelto denso y difícil de respirar.
El silencio dura demasiado, como si todos contuviéramos la respiración esperando que alguien hablara primero. Finalmente, Carlisle rompe el hielo, su voz firme pero controlada:
—Hijo, necesitamos hablar.
Asiento, aunque mi mente está en otro lugar, en Gema, en cómo se encuentra, en si sigue con vida. La rabia y la desesperación luchan por