GEMA
—Estas preciosa ahí abajo…tan sexy. Eres una cosa traviesa.
Su mirada es tan sucia que me animo y le esc*po de nuevo el miembro, llenándolo de saliva para que esté resbaladizo y lo masturbo con la mano mirándolo a los ojos.
Abre la boca para decirme algo pero se queda callado.
En sus ojos ya no veo el iris. Le lamo la p*lla desde la base hasta la punta como si fuera una manzana de caramelo.
Él suelta un gruñido bajo y murmura algo para sí mismo tan bajo que ni con mis sentidos ampliados