CAPÍTULO 64: Gracias por...
GEMA
Nunca he estado en su dormitorio, pero seguir su rastro no me resulta difícil. Para mi loba es inconfundible. Su olor me guía por los pasillos como un hilo invisible hasta detenerme frente a su puerta.
Levanto la mano para llamar… y me quedo así unos segundos, suspendida en el aire. De pronto me asalta la duda. Tal vez sea demasiado atrevido presentarme aquí sin avisar. Nadie me ha visto, lo sé, pero eso no significa que a él le vaya a gustar.
La puerta se abre antes de que pueda decidirme