Gema
Escucho el golpe suave, casi controlado, en la puerta. Mi corazón da un salto.
—Pasa… —digo mientras voy a su encuentro.
La puerta se abre y Leonardo entra a mi dormitorio con una sola zancada y no ha llegado ni a cerrar del todo cuando su mano se posa en mi cuello, firme, con la fuerza justa, y me atrae hacia él sin darme un segundo para reaccionar. Su boca captura la mía en un beso ardiente, posesivo y demandante, y siento cómo mis piernas se vuelven gelatina.
Me besa como si me reclamar