Alessia reconoció el esfuerzo de su jefe con el almuerzo. No era un banquete digno de un restaurante cinco estrellas, pero el filete de carne con sus respectivas guarniciones de puré de papá y verduras estaban bastante bien. Lea comía feliz y sin quejarse, lo que ya era mucho porque era melindrosa.
—No sé cocinar muchas cosas —admitió Matthew apenado mientras Alessia servía un poco más de puré a Lea—. Una disculpa.
—Está delicioso, señor Lambert —dijo Alessia con sinceridad—. Tiene buen sazón.
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