Lea se giró hacia Emery y negó.
—Mi mamá se enoja cuando le hablo y no me contesta.
—¿Y si te contesta?
Lea negó.
—Nunca contesta.
Emery cruzó los bracitos y meditó con un sonoro «mmmm».
—Si yo pudiera llamaría a mi mamá, pero papá perdió su número.
—Lo siento…
Entre pláticas ambos niños habían confesado que extrañaban a su madre y padre, respectivamente, y que les gustaría verlos más seguido. Emery no la recordaba mucho, pero poseía un recuerdo muy vívido de su madre mirándolo con amor en la cu