Siento mi cara caliente; sé a qué se refiere mi hermano; creo que nos escucharon por lo de anoche.
—Bueno, vamos, necesitas descansar y mi hijo también —me dice.
Los dos empezamos a caminar, llegamos a mi habitación y entramos los dos.
Escucho como se cierra la puerta, llego hasta el espejo y me siento frente a él.
Tomo uno de los algodones, hecho un poco de líquido para desmaquillarme y comienzo a limpiarme la cara.
Me lo quito por completo; tiro el algodón a la basura.
Observa a Vladími