—Hola, Laura, qué alegría volver a verte —le saludó animado. Ella voltea hacia mí y veo sus hermosos ojos, y pone una sonrisa.
—Hola, Francisco, digo lo mismo, qué alegría verte —me responde y toma la flor si la mano roza con la mía.
Me separo de ella y me siento en una silla enfrente de ella. No apartó la mirada de ella; veo como se sonroja.
Después de un rato pedimos algo de tomar; tengo que saber las intenciones de ella; estoy segura de que sabe todo lo que mi hermano le hizo a mi hermana.
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