Las tres mesas son hermosas; no sé cuál escoger; las tres me gustan mucho.
—Bien, ¿cuál te gusta más?
—Me gusta más la tercera, pero me gustaría que en vez de la pecera con una sola flor pusiera un lindo ramo grande con rosas blancas y rositas —le digo.
—Está bien entonces que así sea. Mañana veremos lo del vestido —menciona; lo anota en su libreta y se va.
Me voy también y me encuentro con mi hermano en el corredor.
—¿Estás bien, hermana? —me interroga.
—Si solo son los nervios y al