Rafael narrando
La mansión respiraba alivio cuando entramos. Ana Clara corrió como un huracán, envolviendo a Mel y Bia en un abrazo que casi las levantó del suelo, su rostro mojado de lágrimas silenciosas. James sostenía a Jonny por el hombro —el muchacho aún estaba pálido, los ojos desorbitados por el terror contenido—, pero cuando vio a las chicas y a su hermana a salvo, una sonrisa temblorosa le rompió el rostro.
—¡Jonny! —gritó Bia, escapando de los brazos de Ana—. ¡El tío Rafa es un dragón