Liam caminaba por las amplias avenidas de Nueva York con pasos pesados. Después de lo que parecía un día interminable en la oficina, se dirigió hacia un pequeño café en el centro de la ciudad. Había acordado encontrarse con James, que afortunadamente, era un abogado experimentado. Desde que Miranda había reaparecido en su vida, Liam no podía dejar de pensar en Leo y en lo que podría hacer para proteger a su hijo. Necesitaba respuestas, y James era la persona indicada para ayudarle a encontrarlas.
Al llegar al café, Liam vio a James sentado en una mesa cerca de la ventana, con su portátil abierto y su atención centrada en la pantalla. James, un hombre de aspecto afable y relajado, tenía una barba bien recortada y vestía un traje casual. Al ver a Liam, levantó la vista y sonrió ampliamente.
—¡Liam! —exclamó James, levantándose para darle un fuerte apretón de manos—. Qué bueno verte, amigo.
—Gracias por reunirte conmigo tan rápido, James —dijo Liam, dejándose caer en la silla frente a él