Los últimos días Leo se había portado particularmente bien y tranquilo. Parecía no matar una mosca.
Y no se fiaba.
—Prometo llegar temprano, cualquier cosa, la más mínima duda, no tengas problema en llamarme. En la encimera hay una lista de números telefónicos y…—Su voz bajó de volumen.—También hay un libro… Uno muy especial para cuidar de Leo…
—Tranquilo Liam. Leocito es un niño muy bueno.
¡NO ME LLAMO LEONCITO! gritó mentalmente el infante mientras se mordía la lengua.
Preocupado a más no pod