Sin ningún tipo de remordimiento, Bianca empujó el cuerpo de su esposo, haciéndole caer de golpe al suelo. El piso de la habitación retumbó y Bianca solo estaba preocupada por la baba en su camiseta.
—¡¿QUÉ ESTÁ MAL CONTIGO?!
Era como si un feo ogro le hubiera secuestrado. El cabello del castaño estaba desparramado, su rostro inflamado y sus ojos echaban fuego.
Bianca comenzó a reír.
—¡En serio estás obsesionado conmigo! Mira que abrazarme mientras dormimos. Eh, espera, oye ¡A-ah! Eso duele ¡Os