Quedaban exactamente cuatro semanas para el inicio de la primavera. Y ya sea por el calentamiento global o el cambio de temporada, los días comenzaban a tener más luz y dejaban el frío de lado. Los pájaros cantaban y un paseo al parque no parecía ser mala idea.
Lamentablemente, todo lo entretenido y en compañía había sido reemplazado por un gran desacuerdo entre padre e hijo.
—¡LEO, ABRE LA PUERTA!—Sus nudillos golpearon con fuerza, tenía el rostro duro y su voz había bajado una octava.
—¡JAMÁS, YO QUIERO A BIANCA!
Desde el baño, el niño golpeó de vuelta esperando demostrar cuán molesto se sentía.
Y sería una mentira decir que cada vez que se mencionaba aquel nombre no le destruía. O, sino, que era mucho peor cuando era Leo quien lo decía. Porque Liam sentía que se quemaba por dentro, como haber tragado ácido y sentirlo por sus venas. Su mente se nublaba, todo perdía sentido.
Mierda.
Él también quería a Bianca.
De pronto el timbre del departamento sonó, rompiendo la burbuja y, apenas