Quedaban exactamente cuatro semanas para el inicio de la primavera. Y ya sea por el calentamiento global o el cambio de temporada, los días comenzaban a tener más luz y dejaban el frío de lado. Los pájaros cantaban y un paseo al parque no parecía ser mala idea.
Lamentablemente, todo lo entretenido y en compañía había sido reemplazado por un gran desacuerdo entre padre e hijo.
—¡LEO, ABRE LA PUERTA!—Sus nudillos golpearon con fuerza, tenía el rostro duro y su voz había bajado una octava.
—¡JAMÁS