—S-soy un-n p-pes-simo p-papá.
Rodó los ojos.
—No eres un pésimo papá, sólo eres uno que lo está intentando y que definitivamente necesita aprender a controlarse.
Liam restregó su rostro contra la blusa de la chica para limpiarse el rostro. Bianca tuvo náuseas.
—Debes ir a hablar con Leo, se merece una explicación.— Murmuró antes de alejar al azabache.
La chica evitó reír antes la imagen aniñada y vulnerable del pelinegro. Un puchero pronunciado y restos de lágrimas que hacían a sus ojos lucir incluso más grandes y redondos. Liam asintió.
—¿Crees que me perdone?
Bianca soltó una corta carcajada.
—Probablemente ya lo hizo o se fue de casa. Ve rápido antes de que termine de empacar.
El pelinegro rápidamente se puso de pie.
Oh, demasiado cerca. Gritó el cerebro de la chica.
—Gracias.
Rápidamente escuchó sus pasos alejarse por el pasillo. De forma inconsciente Bianca tocó su mejilla.
Palmer le había dado un corto besito.
—En serio tienes cinco años…
En un intento desesperado por disfrutar