Valentín salió con una profunda tristeza de la habitación de su hermana. Le descontrolaba la idea de que ella estuviera en ese estado, pero debía respetar su dolor. Ahora se encargaría de hablar con Sophie; ella ahora merecía toda su atención.
Cuando entró a la habitación que su padre había asignado para ella, Sophie estaba acostada de medio lado. Su mirada estaba clavada en la pared, sus ojos estaban abiertos de par en par y una lágrima caía por su mejilla.
—Sophie, ¿estás despierta? —la voz r