Sophie abrió los ojos con dificultad. No recordaba de inmediato qué era lo que había sucedido. Sintió un fuerte dolor de cabeza; la luz de una lámpara sobre su cabeza deslumbró sus ojos, dificultando aún más volver en sí.
—¿Cómo te sientes, preciosa? —una voz gruesa, pero con un tono cariñoso, le habló al oído.
Ella se sobresaltó al ver a quién tenía al frente.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó incrédula al verlo.
—Te llamé por mucho tiempo a tu número de teléfono, pero nadie me contestó.