LAURA
El auto se detuvo frente a la casa de Bryan, y suspiré pesadamente. El trayecto había sido un torbellino de emociones, pero ahora venía la parte más difícil: sacarlo de allí sin caer en el abismo de nuestros recuerdos.
Me estacioné lo más cerca de la puerta y bajé rápidamente. Rodeé el auto y abrí la puerta del copiloto.
—Bryan, despierta —dije, dándole un suave empujón en el hombro.
Él gruñó algo, apenas consciente, pero cuando intenté ayudarlo a levantarse, de repente sentí sus brazos r