LAURA
Salir de casa fue más fácil de lo que esperaba. La mentira ya había sido dicha, y no había vuelta atrás. Nuestros padres creían que pasaríamos el fin de semana en la hacienda de la familia, lejos de cualquier distracción, sin señal y completamente seguros.
Celina y yo nos aseguramos de que todo sonara creíble, y con una sonrisa despreocupada, salimos por la puerta como si nada. Pero en mi interior, la ansiedad se enredaba en mi pecho.
Nos subimos a la camioneta de Martín, él al volante, y