Capítulo 31. La culpa la tiene el duque insoportable.
Valentina se giró nerviosa con unos movimientos torpes y mecánicos como los de una marioneta.
Por más que analizaba cuál justificación debía darle a su suegra para que esta le creyera, su cerebro parecía en blanco.
—Suegra…— murmuró con labios apenas curvados, pero sus ojos delataban su temor y ansiedad.
Las cejas fruncidas de Evelyn, le dejaba claro lo que estaba pensando. Y la empleada que venía con ella y que traía consigo una bandeja, mantenía las cejas alzadas, mirando a Valentina co