Capítulo 124. Corazón de cristal.
Con los ojos nublados por el alcohol y la ira, Aurora, apretaba la muñeca de su bebé con fuerza desmedida. Provocando que la niña llorara inconsolable, y que su llanto desgarrador hiciera eco en el silencio de la noche.
—¡Cállate de una vez! —gritó Aurora, soltándola bruscamente.
La niñera, despavorida, se apresuró a tomar a la pequeña en sus brazos. A la vez que le acariciaba la cabeza, en su afán por calmarla mientras corría a la habitación, lejos de la influencia destructiva de Aurora.
—Ya,