Axel mostró una sonrisa ladeada. Con la espalda reclinada sobre su silla, se humedeció los labios y contempló a Ariana de pies a cabeza. Los pendientes que le encargó su padre podían esperar.
―Bueno… habla o desvístete. ―Entrelazó las manos y las colocó sobre el frío escritorio.
Ariana tomó aire y le explicó que su prometida había ido a buscarla. Su pecho se apretaba a medida que relataba la amenaza de mandar a sus guardaespaldas a hacerle algo si no lo dejaba.
―Me dio tres cachetadas y me ar