Era como si por medio de ese suspiro encontrara las respuestas para saber qué decirle a Fernando.
— No te odio —habló Daina suspirando pesadamente.
—Es bueno escucharlo de ti, Daina — sonrió Fernando. — Escucha, solo dile a mi mamá que estoy bien, que no se preocupe — habló Fernando al otro lado de la línea haciendo que Daina colgará.
Saliendo del baño un tanto perturbada, encontrándose con su hermana, quien la miraba, un tanto desconfiada, sabía que algo tenía. Daina sabía que algo estaba e