—Perdón, amor, estaba dormida, aún sigo muy mal — respondió Daina enferma, haciendo que Fernando quisiese estar con ella, pero por su trabajo no podía estar con ella como tanto deseaba.
Ambos colgaron la llamada. Daina durmió de nuevo, estaba tan débil que no podía sostenerse de pie. A su padre le preocupaba su salud, pues nadie sabía qué era lo que tenía.
Fernando le desesperaba que su novia estuviese enferma, trataba de hacerla sentir bien, pero ella siempre enfermaba. Una noche se puso gra