ADELAIDA:
Las tristes historias de las familias me dejaban un sabor amargo en la boca y no me puedo imaginar cuánta crueldad tiene ese maldito emperador para dejar a su gente así sufriendo.
—Señora, la última persona va a pasar.
Dice Bastián y suspiro asistiendo.
—Adelante.
Digo y por la puerta entra una joven de cabello rubio.
Ella observa toda la sala mientras al parecer busca a alguien con la mirada.
—¿Dónde está el alfa?
Pregunta altanera y alzo las cejas.
—La precensia del alfa no es impor