RAIZEL:
Estoy en mi despacho con una sonrisa mientras pienso en lo agotada que dejé a mi ninfa después de una apasionada revolcada.
—Alfa… ¿Me mandó a llamar?
Dice Bastián entrando sin haber tocado.
—¿Qué te he dicho de tocar?
Pregunto mirándolo a los ojos y este baja la mirada para luego quejarse como un niño.
—Alfa… Me duelen las manos de tanto tocar… ¿Usted sabe las veces que ya he entrado a éste despacho? Mis pobres manos están sufriendo por esa causa.
Se queja y yo solo ruedo los ojos.
—Es