ADELAIDA:
—Raizel, ese emperador no me gusta para nada.
Le digo mientras ambos bajamos las escaleras para cenar con su majestad.
—Hermosa, a mí tampoco me gusta, pero hay que seguir las estúpidas reglas y protocolos.
Explica y yo ruedo los ojos.
—Estoy comenzando a odiar esto.
Murmuro y recibo un dulce beso en mi mejilla.
—Todo estará bien bonita, ya verás.
Habla para luego tomar mi mano y entrelazar nuestros dedos para terminar de bajar las escaleras.
Al llegar al comedor ya el emperador se en