Una lágrima de felicidad rueda por la mejilla de la delgada mujer que ha permanecido encerrada por tanto tiempo.
—No puede ser.
Murmura para sí misma, para luego cerrar sus ojos y sonreír mientras se concentra en algo que no ha hecho por mucho tiempo.
—Hija de mi alma…
Murmura mientras sus ojos se abren mostrando un verde muy intenso.
ADELAIDA:
Mis ojos se abren y observo que estoy sola en la habitación, así que trato de levantarme, pero un agudo dolor en mi cuello me hace fruncir el ceño y pas