En un sótano debajo de la mansión del duque Ivanov se está llevando a cabo una de sus tantas reuniones.
—Ataquenlo en el carruaje cuándo se dirija a la luna de miel… Mi hija se encargará de dormirlo.
Habla el duque Ivanov seguro de sus palabras.
—Señor, pero las órdenes son…
—No me importa las órdenes de ese estúpido emperador, en mi país se hace lo que yo diga… No voy a permitir que mi hija se convierta en archiduquesa cuando claramente puede ser la emperatriz de un país.
Su tono de voz es baj