Mady y Ady se abrazaron con fuerza.
—¡Quiero a mi mamita y a mi papito CEO! ¡Déjenos ir! —chilló Mady
Ady la abrazó.
—¡Por favor, queremos irnos con nuestra mami! ¡Mami! Tenemos miedo.
—¡Ya basta, niñas! Caminen a la sala de estar.
Las niñas tenían miedo de esa mujer tan alta y con el rostro amargado, que retrocedieron hasta una pequeña sala, donde se sentaron y se abrazaron asustadas.
Luego de un rato, Mady limpió sus lágrimas.
—Tenemos que irnos, Ady.
—Pero… ¿Cómo?
Mady no lo sabía, p