Cinco minutos antes.
«—¡Por favor, se lo suplico! Déjeme pasar, ¡Es una sorpresa para el señor Vicent! Le gustará, por favor —suplicó Rose
—Debo avisar primero al señor Vicent, además, él tiene compañía, ahora no hay empleados en la mansión y si la dejo entrar…
—¿Compañía? ¿Quién es? —exclamó recelosa—. ¿Una mujer? —preguntó con las cejas enmarcadas
El guardia la observó, asintió. Ella tomó de su cartera dinero.
—¡Por favor, déjame pasar! Te daré todo este dinero.
Los ojos del guardia bril