Cuando Marina abrió los ojos, observó los rayos de sol colándose por la ventana, a su lado había una compresa fría.
Enderezó su postura, vio a Demetrius Vicent, estaba sentado sobre una silla, con medio cuerpo de la cintura para arriba, sobre la cama.
«¿Acaso veló mi sueño toda la noche?» la idea le pareció absurda, no podía creer que ese hombre al que llamaba cruel pudiera ser bondadoso una vez.
Ella se levantó, decidió darse un baño.
Cerró la puerta con seguro, y se duchó con agua tibia. S