Al día siguiente
Marina abrió los ojos, y no encontró a Demetrius ahí, se enderezó asustada, recordando el ayer, pensó si se había marchado de su lado, no pudo contener su miedo a perderlo.
Luego escuchó el sonido de agua correr por la regadera, se levantó y arregló la cama, tomó ropa y su toalla, cuando lo vio salir del cuarto de baño.
—Buenos días, mi amor —dijo él con voz dulce y tierna
Marina no dijo nada, y entró rápido al cuarto de baño, él se quedó extrañado.
Demetrus se sentía mejor