Era una simple broma. Aun así, Clarissa no pudo evitar ponerse un poco colorada. El carro avanzaba despacio por la carretera.
Y sin poder pues evitarlo, Clarissa giró la cabeza y observó al hombre sentado a su lado. Giovanni mantenía su expresión seria, con esa indiferencia que lo caracterizaba, como si nada en el mundo pudiera afectarlo.
¿Realmente alguien así enviaría a Maxence al tan lejos solo por ella? Era una pequeña, ¿cierto?
—¿En qué piensas? —preguntó él de repente.
—Me preguntab