Rita se sorprendió bastante y se quedó mirando a Clarissa, prestándole más atención. Luego sonrió, encantada:
—¡Qué bueno, qué bueno! ¡Tu abuela debe estar feliz!
—Hoy vine a presentársela —agregó Giovanni.
—Ah, ¿sí? Entonces mejor no les quito tiempo, pasen —dijo Rita, y siguió su camino paseando al perro. Pero a cada paso se giraba para verlos. Ya se imaginaba contándoselo a todos: el nieto mayor de los Santoro se había casado y trajo a su esposa a conocer a la familia. ¡Y antes se decía que n