— Lo... lo siento... —balbuceó Giovano, tosiendo, con los ojos ya enrojecidos.
Giovanni retiró la mano, pero la intensidad en su mirada no cambió ni un poco.
Lanzó a Giovano al suelo como si fuera un pedazo de basura. No fue hasta que el carro se alejó que Giovano recuperó el aliento, apretando los puños con fuerza mientras hervía por dentro.
Clarissa, por su parte, no tenía idea de lo que acababa de ocurrir en casa de Giovanni. En ese momento ya se encontraba en la oficina de Vittoria para habl