Giovano aún era un niño en ese entonces, y tenía miedo, angustia. Por suerte, sus padres adoptivos lo amaban, lo consentían y nunca lo sacaron de la familia.
Pero dentro de él, persistía ese rencor. Giovano pensaba: si Giovanni ya se había perdido, ¿por qué tuvo que regresar? ¿Por qué no se murió? ¿Por qué tuvo que volver y fastidiar a todos?
Pero volvió. Ya no era “Giovanni Santoro”, era Giovano Zamora.
Su madre adoptiva nunca lo abandonó. Lo siguió queriendo como antes, le dio auto, casa, todo