Giovanni no dijo nada. Tenía los labios cerrados con firmeza, su mirada imperturbable, y sin necesidad de mostrar nada más. El aire se volvió tenso.
—En tu casa, humillaron a mi gente. ¿Qué piensas hacer al respecto? Tú decides, pero que sea ya — dijo Giovanni con voz tranquila, aunque su tono te dejaba de todo menos tranquilo.
Samuel se rio sarcásticamente:
—Ya ni filtro tienen con los clientes, ¿ah? Ya se echó a perder la noche. ¿Nos van a dejar pasarla bien o qué?
Novák, el siempre callado, s