La señora Santoro suspiró varias veces.—¡Yo sí sabía! ¡Ya te lo había dicho, esto es cosa del destino! ¡Todavía me acuerdo! —dijo emocionada.
—¿En serio eras tú? ¡Había tantos niños ese día y tú escogiste a Giovanni! Quisiste jugar a casarte con él y Giovanni te siguió la cuerda. ¡La verdad parecían esposos! Tomé la foto sin pensarlo mucho —contó.
—Pero, ahora, viendo esto, parece que el destino ya lo tenía decidido desde hace rato. ¡Ya se habían casado en juego, y ahora un montón de años despué