La señora Santoro, al ver que ya se había quitado de encima una de sus mayores preocupaciones, no pudo evitar voltear a ver a Samuel.—Samuel, ahora que Giovanni ya se casó, tú ya vas para los treinta, ¿no crees que ya es hora de que nos traigas también una esposa? —dijo de forma directa.
Samuel casi se atraganta con la comida, tosió un poco y contestó:
—Abuela, no te preocupes, para ser sincero es que conozco a mucha gente, así que no sé a quién elegir... tal vez un día, cuando se dé, encontraré