CAPÍTULO 43: ENCERRADA
Tres días después…
Llego al hospital con un nudo en el estómago. Visitar a Na-Ra es un recordatorio doloroso de lo frágil que es la vida y de lo impotente que me siento al no poder mejorar su situación. Camino por los pasillos con paso lento hasta llegar a su habitación. La pequeña está acostada en la cama, tan pálida y frágil que casi parece una muñeca rota. Me esfuerzo por sonreír mientras me acerco a ella. Al menos ahora ha despertado.
—Hola, Na-Ra —digo suavemente, a